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Cómo escribir un relato picante con buen gusto

Carta doblada en papel crema junto a una pluma estilográfica sobre una cama deshecha con sábanas blancas y luz de mañana

El relato erótico que funciona se parece más a uno de suspense que a un manual. Lo que engancha es la espera, y la mayor parte del trabajo está en lo que se calla.

La tensión va antes que el encuentro

Si los personajes se besan en la segunda línea, no hay relato. Hay que darle al lector un motivo para que los dos no puedan, o no deban, o no se atrevan. Una hora que se acaba, una amistad larga que se puede romper, un tren que sale por la mañana. Cada obstáculo pequeño sube la temperatura.

Y luego, retrasar. Una conversación que se va por las ramas, una interrupción, una mano que se acerca y no llega.

Los detalles que importan son pequeños

Un relato picante con buen gusto se escribe con objetos y gestos. La copa que se calienta en la mano. El botón de una manga. El ruido de la lluvia contra una ventana. Lo que hace uno con la servilleta cuando está nervioso.

La anatomía, en cambio, aburre deprisa. Casi siempre cae en lo clínico o en lo ridículo, y en cualquiera de los dos casos el lector deja de imaginar porque ya se lo han dado todo.

Personajes con vida propia

Dadles un oficio, una edad que se note y algo que les preocupe aparte del deseo. Una traductora que lleva una semana buscando una palabra es más atractiva que una mujer descrita solo por su cuerpo, porque tiene una cabeza que el lector quiere conocer.

Que sean adultos de forma inequívoca. No basta con no decir la edad: el relato tiene que dejar claro que son personas mayores de edad, con trabajos, pasado y decisiones propias. Ningún rasgo, ninguna situación y ninguna palabra que sugiera otra cosa.

El consentimiento se escribe

En la vida real se pregunta, y en la ficción también. Una pregunta directa y una respuesta clara pueden ser el momento más intenso de toda la historia, porque es cuando los dos personajes se exponen. «¿Quieres subir?» tiene más carga erótica que cualquier descripción.

Nada de «decía que no pero quería decir que sí», ni de personajes borrachos, dormidos o asustados. Todo eso queda fuera del género, y aquí no se publica.

El diálogo, corto

La gente que se desea habla poco y mal. Frases cortas, cosas que no se terminan, una broma para salir del paso. Los discursos largos sobre lo que se siente rompen la escena.

Saber cortar

Es la decisión más difícil. El corte bueno llega justo cuando el lector ya sabe lo que va a pasar y aún no ha pasado: una puerta que se cierra, una luz que se apaga, una frase que se queda a medias. Lo que viene después lo escribe cada lector en su cabeza, y lo escribe mejor que nadie.

Un truco que funciona es saltar a la mañana siguiente con una sola frase. El tren que sale sin él. La taza de café que hay dos veces en el fregadero.

Leer en voz alta

Antes de dar un relato por terminado, leedlo en voz alta. Donde os dé vergüenza por cursi, sobra una frase. Donde os dé vergüenza por otra cosa, quizá vais bien.

Un ejemplo de todo esto, en La segunda copa.

También en esta web: La segunda copa